De amores virtuales

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¡Ay que complejo y delicado es eso del amor!. Con los ríos de tinta que se han vertido acerca del tema, todavía no conozco a una sola persona que diga que lo tiene totalmente claro. ¡Imagínate virtualmente!… Ahí si se disparan todos los mecanismos de la imaginación (cuando no hay web-cam de por medio) y se abren todas las posibilidades de engaño, pues no se conocen en persona y cada cual puede pasar por quien quiera, enviando fotos trucadas o de otros mas agraciados.

Hay defensores y detractores – como se desprende del artículo de Alejandra Herren (muy latino en todos los sentidos) – pero sin medias tintas: tanto unos como otros lo hacen apasionadamente. Sin dudas. El enganche que tiene la red es grande, y la manera tan simple de comunicarse hace posible el conocimienmto de nuevas amistades, incluso en las antípodas.Eso tiene doble vertiente: por una parte la ventaja de la comodidad y la amplitud de posibilidades, amen de la capacidad de elección, y por otra, la ausencia de contacto físico que hace que los deseos esten mas latentes ante la imposibilidad inmediata de abalanzarse el uno contra el otro en un rapto de pasión descontrolada (que melodamáticos estamos).

Sin embargo es tal el deseo de relacionarse de nuestra sociedad, espoleado, sin duda, por la cruel realidad cotidiana que nos empuja contra las cuerdas de la soledad mas descarnada, que no queda mas remedio que buscar métodos alternativos al convencional chico conoce chica (con todas las variantes que se quieran) de hace tan solo unos años.

Ahora la rapidez es la que lo domina todo, y las relaciones sociales no pueden evadirse de ella. Todos queremos todo rápidamente, sin esperas, sin complicaciones. Y eso choca con las dificultades naturales del tiempo necesario para conocer ligeramente a otra persona, así como de la complicidad mínima para que ese conocimiento se lleve a cabo con éxito. Por eso nos encontramos con que tal o cual actriz, o modelo, se han separado a los 14 o 18 días como hemos visto recientemente en la crónica rosa, o que al menor roce o mirada mal entendida no esperen siquiera a escuchar las razones del otro y se vayan cada uno por su lado. Es muy triste – y muy práctico dirán algunos – pero la vida cotidiana nos muestra ejemplos en cada casa de vecinos.

Eso en Internet no sucede. Si bien es verdad que puede uno “desligarse” mas facilmente, por la sencilla razón de que dándole a una tecla desaparece de nuestras vidas la otra persona, tambien lo es que la gente, precisamente por eso, aguanta más. Por eso y por el misterio que se mantiene vivo de ¿como será realmente la otra (o el otro)? y que es un poderoso acicate para cualquier relación, como muy bien saben los sexólogos.

El amor virtual, que está es sus comienzos, es una manera tan válida como otra de conocimiento mutuo pese a que, como ya se apunta en el artículo, choca con las barreras de la distancia física y como decía un famos bolero que cantaba el Doctor Gatica titulado La Barca: “… dicen que la distancia es el olvido”… Pero con Internet cada vez menos.

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